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martes, 19 de julio de 2011

Crónica del FIB (Domingo, 17-07-2011)

Crónica realizada por Fran Gil.

Benicassim, se llama el pueblo o ciudad de Castellón donde cada verano se reúne la gran ola de jóvenes que buscan lo más nuevo, lo más refrescante en el panorama y donde al final además se dan cita algunos de los grupos que por detrás casi sin hacerse notar siempre dan muestras de enorme profesionalidad y grandes maneras encima de un escenario.


Cartel del FIB 2011

Pero empecemos por el principio, Noah & the Whale, tocaron en olor de multitudes en el Maravillas, grandes en implicar al público con una aparente desgana de su cantante el Sr. Fink que quería recordar a un melancólico Bryan Ferry con grandes reminiscencias de los románticos ingleses de los 80, trajeados y encorbatados, aguantando el calor castellonense se metieron al público en el bolsillo repasando su Last night on Earth con los pegadizos Life is Life y L.I.F.E.G.O.E.S.O.N. con el que terminaron. Londinenses y rodeados de su público que los conocía y coreaba se crecieron y dieron muestras de que son un buen grupo, aunque les falta ese más en directo de los que se saben que son expertos en pisar tablas de escenario. Se quedaron en el 6 y para Septiembre se llevan el buscar esa diferencia en el escenario.



Descanso y mirar un poquito de aquí y allí, unos últimos acordes de los The Joy Formidable de su última canción y ver lo que les falta a los Noah, la gente enloquecida bailando, una guitarrista dueña de su territorio disfrutando como la primera vez que cogió la guitarra y un claro seguimiento de este grupo a partir de ahora, seguro que dan de que hablar.


Recargar un poco pilas y a coger sitio para los Portish Head, decir que los esperaba con muchas ganas. Verlos en directo era un deseo que tenía hace tiempo, verlos en donde se ven a los grupos que demuestran que son grupos, a este grupo de la perfección absoluta en cuanto a acabados, del sentimiento y de la música experimental con olor a Jazz, un grupo para mi muy de estudio, muy dueños de las mesas de mezclas y el reposo. Quería verlos dándolo todo donde las canciones duran 4 minutos y no hay sitio para el fallo, quería ver si llegaban a lo que llegan en los discos. La respuesta es sí.


La señora Gibbons, perfecta, así de 9.9, con la misma calidad vocal en directo de la que es dueña en el vinilo, la percusión de 9, baterías dobles, con un polifacético dueño de las baquetas, guitarrista, teclista, le faltó tocar el trombón, al igual que su excelso guitarra Geoff Barrow que demostró que como teclista también se defiende. Repasaron de forma exacta y perfecta su increible Thrid. Se oía como lo oyes salido de tu equipo de música, exacto, perfecto, intenso, dulce, potente, los pelos de punta en el arranque con su gran Silence, con lo que es el libro del directo, arranca con el primero de tu último disco, para eso están ahí para arrancar. La sensación intensísima de que estas participando en algo que es más que un concierto, de que estás entrando en su mundo privado, perfectamente diseñado hasta el último detalle, se lo agradeces y entras. Hunter, Nylon sky van cayendo una detrás de otra, imágenes en las pantallas de un clasicismo obsesivo, detallistas casi paranoicos, es parte de su juego. Hasta que llegan a esa obra maestra que es The Rip para mi momento álgido del concierto, con su increíble vídeo en la pantalla gigante, la cara de Gibbons sujetándose al micro, la guitarra de Barrow, la percusión, la caja de ritmos, todo parte de su tejido... Machine Gun como parte de su búsqueda de lo nuevo (si queda) en la música electrónica pura, un Sour Times que fue coreado como un mantra por un público que ya se mecía como hierba... Magic Doors caminando por el pasillo que presentaban en los enormes vídeos, no salimos de su mundo, lo seguimos recorriendo aún. Gibbons corriendo y abrazando al público de las primeras filas mientras su grupo clavaba un perfecto Numb al igual que un impresionante Glory Box donde creó entre el público adeptos a su religión, imagen fija en su cara, su pelo, en blanco y negro, arrugando esa cara de tiempo, rompiendo con su imagen pétrea que se abrazaba a su botella de agua en los descansos, su rostro triunfal en un fotograma, un parpadeo... y el sentimiento de haber estado en el sitio adecuado la última hora y media. Hambre de más... esperando a los Arcade Fire con el listón muuuuuuuuy alto.


Quizás ese fue el error, quizás ellos tampoco se lo esperaban, quizás la cabeza de cartel eran los de Bristol y no los de Quebec, tantos quizás y tanta gente arremolinada esperando a los que cerraban, a los más esperados, a los que todos querían ver... ¿demasiada presión?, ¿realmente no son tan grandes?... quizás.

  
Destaparon con viejos éxitos, con un grupo como son, como se les espera, coral, polifacético, donde todos tocan casi todo, donde presentan cerca de 12 músicos en el escenario de continuo, donde se ve que son una familia, amigos, matrimonio, hermanos, todo pero, pero... alguien dijo una vez que lo que va antes de un pero no sirve para mucho, quizás sea verdad. Dieron lo que se esperaba, nada más, la gente bailó las que sabía que iba a bailar, la gente coreó casi por obligación, la gente los empujó hacía arriba por que quería continuamente algo más y ellos pasaron de forma discreta, prometieron y no cumplieron, prometieron que se quedarían con nosotros y tocaron para cumplir, 12 canciones justas, hora y cuarto pelado, no improvisaron, no jugaron con el público, asépticos, fríos. Casi con ganas de cumplir y nada más. ¿Son grandes? sí, ¿son buenos? muy buenos, pero con saltos del teclista y grandes himnos amortizados a nivel mundial con creces no basta, basta con abrirte y mostrarte, con implicar Portish Head lo hizo, Arcade Fire no.

 

Lo que quedó fueron los restos, el cansancio, tanta música se paga en el cuerpo, todos seguro que repetirán, por el FIB no es Arcade Fire, ni Portish Head, el FIB es otra cosa y si no estás allí y no lo ves, no lo crees.


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